La Luchon–Bayona se canceló por la alerta de calor, pero nosotros ya estábamos en Bagnères-de-Luchon y no queríamos que la aventura muriera ahí. Sin hacer locuras, respetando la situación y buscando las zonas donde podíamos rodar con más seguridad, varios amigos de la grupeta decidimos hacer parte del recorrido y vivir nuestro propio día épico en los Pirineos.

Y vaya día.

En este vídeo nos enfrentamos a una ruta durísima de 155,37 km, 3.805 metros de desnivel positivo, 8 horas y 15 minutos pedaleando y más de 10 horas y 51 minutos de aventura total. Todo esto con muchísimo calor, cielo despejado, una temperatura de 37 ºC, sensación térmica altísima y una jornada que terminó siendo una mezcla perfecta de sufrimiento, amistad, ciclismo y montaña.

La idea inicial era participar en la Luchon–Bayona, una de esas marchas cicloturistas míticas que huelen a historia del ciclismo, a puertos legendarios y a aventura de verdad. Pero la cancelación cambió los planes. Muchos se fueron a casa, algo totalmente respetable. Nosotros, sin ser reckless y sin saltarnos las medidas de seguridad, quisimos vivir nuestra propia versión de la batalla: no contra la organización, no contra las normas, sino contra ese monstruo invisible que nos había quitado el reto. El calor.

Salimos desde la zona de Bagnères-de-Luchon para hacer los primeros grandes puertos del recorrido. Primero llegó el Col de Peyresourde, un clásico de los Pirineos y del Tour de Francia, con sus rampas, sus curvas y esa sensación de que estás entrando en territorio serio. Después vino el Col d’Aspin, otro puerto precioso, más amable visualmente pero igualmente exigente cuando llevas calor y kilómetros en las piernas. Luego apareció el gigante: el Col du Tourmalet, uno de los puertos más míticos del ciclismo mundial, un lugar que impone incluso antes de empezar a subirlo. Y para rematar, nos fuimos hacia Gavarnie, con sus paisajes espectaculares y esa sensación de estar pedaleando dentro de una postal salvaje de alta montaña.

La Luchon–Bayona tiene una conexión muy especial con la historia del ciclismo y con aquellas etapas pirenaicas que hicieron leyenda. No es solo una marcha: es una forma de atravesar los Pirineos con respeto, paciencia y mucho sufrimiento. En este caso no hicimos la ruta completa hasta Bayona, pero sí vivimos una jornada que nos dejó una pequeña versión de esa épica: puertos largos, calor, fatiga, paisajes increíbles y esa mezcla tan ciclista de preguntarte por qué haces esto mientras, al mismo tiempo, sabes que lo recordarás toda la vida.

El calor fue uno de los protagonistas del día. Rodar con 37 grados no es ninguna broma, y en una ruta de alta montaña hay que ser muy consciente de la hidratación, la comida, las paradas y el estado físico. En días así, la cabeza es casi tan importante como las piernas. Hay que beber antes de tener sed, comer antes de vaciarse, regular muy bien en las subidas y no dejarse llevar por la emoción del grupo. Este tipo de rutas son preciosas, pero también exigen respeto. Por eso fuimos adaptando el plan, escuchando al cuerpo y apoyándonos entre todos.

Yo personalmente sufrí muchísimo. Hubo momentos en los que iba completamente vacío, momentos de mirar el Garmin y pensar que todavía quedaba demasiado, momentos de calor, de piernas pesadas y de decir esa frase que todos los ciclistas hemos dicho alguna vez: “yo aquí no vuelvo”. Pero justo ahí es donde aparece lo mejor de la bici. Los amigos.

Porque una ruta así no se recuerda solo por los vatios, los kilómetros o el desnivel. Se recuerda por quien iba contigo. Por el que te espera arriba. Por el que te anima cuando vas mal. Por el que te da conversación cuando la cabeza empieza a desconectarse. Por el que te hace reír cuando estás fundido. Por el que, sin decir mucho, te ayuda a seguir.

Los datos de la ruta hablan por sí solos: 155 km, 3.805 m+, 185 W de media, 4.590 kJ, velocidad media de 18,8 km/h y máxima de 70,3 km/h. Una jornada larga, dura y preciosa por algunos de los puertos más míticos de los Pirineos. Pero más allá de los números, lo importante fue la experiencia: salir con una idea, adaptarse a la realidad, respetar la seguridad y aun así encontrar una aventura inolvidable.

Este vídeo va de ciclismo de carretera, de cicloturismo, de puertos míticos, de calor, de sufrimiento y de amistad. Va de esos días en los que el plan original se rompe, pero aparece otro plan que termina siendo igual o incluso más especial. Va de no rendirse, pero también de hacerlo con cabeza. Va de entender que a veces la épica no está en completar exactamente lo previsto, sino en encontrar una forma segura y honesta de seguir adelante.

Peyresourde, Aspin, Tourmalet y Gavarnie nos dieron una jornada espectacular. Mucho calor, muchas risas, mucho sufrimiento y esa sensación final de haber vivido algo grande. Dije que nunca volvería. Lo dije varias veces. Y seguramente en ese momento lo pensaba de verdad.

Pero todos sabemos cómo funciona esto.

Seguramente vuelva.

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