Imagina recorrer España de mar a mar 🌊 disfrutando de los mejores paisajes. Eso es la Transpyr Coast to Coast 🚵‍♂️, una de las pruebas ciclistas más prestigiosas de Europa 🌍, que este año celebra su decimoquinta edición. 300 participantes, 7 etapas, más de 900 km y 17.000 metros de desnivel, desde Roses en la Costa Brava hasta Irun en el País Vasco.

Es una experiencia para desconectar, escuchar el mar y pedalear rodeado de naturaleza 🌿. No es una carrera competitiva, aunque es exigente. Es una inmersión en los paisajes de los Pirineos 🏔️ y en la cultura ciclista y local.

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[Música] Imagínate poder recorrer los Pirineos de Mar a mar en bicicleta de montaña y poder disfrutar de los mejores paisajes haciendo lo que más te gusta. Esto solo te lo puede dar la Transpear Coast to Coast, una de las pruebas ciclistas más prestigiosas del calendario europeo y que este año llega a su 15inta edición. Una travesía espectacular que une el mar Mediterráneo con el Oéano Atlántico y supone todo un reto. Siete etapas con más de 900 km y de 17,000 m de desnivel acumulado, desde Rosas en la Costa Brava hasta Irún en el País Vasco. La tranquilidad que da ver el mar y que permite olvidarte de tu día a día escuchando el ruido de las olas o rodar por los caminos rodeados de naturaleza haciendo lo que más te gusta. Este es uno de los objetivos de esta cita que muchos deportistas no se quieren perder ningún año. En esta edición, 300 participantes con el objetivo de pasárselo lo mejor posible. De hecho, ya hacía tiempo que la organización había colgado el cartel de inscripciones agotadas. La Transpear Coast to Coast no es una carrera competitiva, aunque por su dureza lo puede parecer. Es una auténtica inmersión en los maravillosos paisajes que nos ofrecen los Pirineos y también a la cultura del ciclismo y de los lugares por donde se pasa. En los últimos 3 años el recorrido había pisado territorio francés, pero este año vuelve a su esencia rodando solo por la geografía española con Cataluña, Aragón y País Vasco como telón de fondo. Llega el Gran Día. Los 300 ciclistas llegados de 26 países diferentes, algunos de Canadá, otros de India y de diferentes puntos de Europa, empiezan a llegar al puerto de rosas. Los barcos son auténticos espectadores de lujo. La brisa marina acompaña a los participantes que aprovechan también para hacer las primeras fotografías del que será el álbum de la Transpear de este 2025. Los nervios serán evidentes en el rostro de los participantes, algunos de los cuales contaban con familiares o amigos en la línea de salida. para darles ánimos para estos 7 días de esfuerzo. A pesar del cielo nublado, la temperatura era ideal para los corredores de las tres modalidades de e-bike, mountain bike y road. La aventura empezaba con la salida escalonada. Ya no había vuelta atrás. Los primeros compases por la llanura hampurdanesa eran tranquilos, con algunos pasajes estrechos que nos podían describir cómo sería de mágico este acontecimiento. Los pueblos de Ordí y Besalú es donde se situaban los primeros habituallamientos. Momento para recargar las pilas con comida y bebida, pero también para inmortalizar monumentos icónicos de la historia del territorio. Hace calor, pero bueno, no está dando el sol y la verdad es que se está aguantando muy bien. Ritmo rápido, muy rápido, rápido, mucha pista por eso, mucho polvo. La ruta se adentraba hacia el valle de Viñana en la Garracha, con una orografía que combina prados y bosques. El trazado empezaba a mostrar las primeras dificultades técnicas, aunque sin incidencias, mientras la fauna se lo miraba atentamente rodeada de unos paisajes verdes de postal. Los corredores de la modalidad de montaña ensartaban el camino hacia la cumbre del coil de pera, poniendo a prueba sus piernas. Se trata de un puerto de 802 m de altitud y 450 m de desnivel que se superan básicamente en los 3 primeros kilómetros. Superado este escollo y en medio del Pirineo de Shirona encontramos Camp Prudol, el Ponnou, uno de los símbolos más emblemáticos de este municipio del Ripollés y el río Ter esperaban la llegada de los ciclistas que cruzaban la línea de meta. Los primeros 120 km y 2200 m de desnivel ya estaban en el saco. La jornada nos dejaba diferentes imágenes bucólicas y que ya forman parte de la Transpear Coast to Coast. [Música] Al día siguiente, cuando apenas el sol empezaba a brillar, los corredores ya se preparaban para vivir la segunda etapa. Con el ruido del río y los habitantes de Camprodón expectantes, las bicicletas empezaban a moverse. A diferencia de la primera jornada en la que el itinerario era más suave, las piernas ya empezaban a notar la dureza del terreno que unía el ripollés con la Seudur J. Está claro que el perfil del recorrido era más exigente y había que poner a prueba la resistencia a través de los 150 km y los 3200 m de desnivel positivo. Si alguien de las tres modalidades se pensaba que habría algún momento de tregua, estaba muy equivocado. Y es que la montaña enseñaba sus tesoros más escondidos. El paisaje era de auténtica postal con los bikers recorriendo los caminos. En esta ocasión el sol picaba de lo lindo y la temperatura era más elevada que en el primer día. Esto suponía un añadido más a la exigencia del trazado. Había que fuerzas para afrontar la subida a la Molina, apta solo para los más valientes y con un desnivel positivo de hasta 2900 m. El esfuerzo para los que habían escogido la categoría de bicicleta de montaña era evidente. Las altas temperaturas todavía los castigaban más, pero el desgaste merecía la pena solo para contemplar el pirineo en su esencia. La bajada por el interior de los bosques aumentaba todavía más la adrenalina. Quien todavía no había descubierto cómo se las gasta la Transpear Coast to Coast, ahora ya sabe que tendrá que luchar de lo lindo para completar las siete etapas. Las caras de cansancio llegando a la Seudur Jil así lo demostraban. A pesar de que hay quien todavía tenía fuerzas para levantar su bicicleta, se había completado el segundo tercio del recorrido en tierras catalanas y un buen descanso era necesario antes de afrontar la tercera jornada. Bueno, hoy tercera etapa de Traspar. Dicen que es la etapa reina, pero yo creo que mejor que la de ayer y la de antes de ayer va a ser difícil, eh, porque estamos disfrutando un montón por los paisajes de aquí de Pirineos. La capital del Altur Jaale se levantaba con un tiempo espléndido. Algunos de los ciclistas bromeaban en la salida antes de empezar a pedalear. Había que ver si las piernas estaban frescas, porque nada más empezar tenían que afrontar uno de los míticos puertos de montaña de la zona, el del cantó. Un puerto de primera categoría y que se corona a 1725 m de altitud. Un reto muy exigente, sobre todo en los primeros kilómetros, que ponía a prueba la resistencia física de los participantes que todavía estaban recuperándose del día anterior. Dicen que todo esfuerzo tiene su recompensa y una vez superado el puerto, el paisaje era bucólico, con unas vistas impresionantes del pallar subirá que hace que sea uno de los tesoros del Pirineo catalán. Para los que participaban con la bicicleta de montaña, la subida aún era más larga y con un solo imponente. La convivencia con la naturaleza era total. El sector primario, por suerte, todavía es visible con explotaciones ganaderas pasando por los prados, como este rebaño de ovejas. Sin ningún tipo de duda, este era uno de los habitallamientos más curiosos que se habrán visto durante esta edición de la Transpe Coast to Coast. Incluso hay quien no perdía la oportunidad de hacerse una foto con los animales. Después de recargar fuerzas llegaba la bajada por los bosques. Los ánimos entre los bikers eran muy buenos y con ganas de más. Tanto la modalidad de montaña como la de carretera se encontrarían más adelante, a pesar de que con finales diferentes. La modalidad de carretera entraba en la historia porque por primera vez una etapa tenía un final en alto, Taúll. En el caso de la bicicleta de montaña, la llegada estaba situada en el Pontes Suerte. 115 km marcados por auténticas emociones y con la lluvia también haciendo acto de presencia. Una tormenta de primavera permitía que el termómetro bajara y la llegada fuera algo más agradable a pesar de los rostros de cansancio. La aventura catalana de la Transpar Coast to Coast estaba a punto de llegar a su fin después de tres días para entrar en Aragón. [Música] Cuando el sol empezaba a asomar, la cuarta etapa para cruzar el Pirineo de Mar a Mar ya estaba en marcha. Se podría decir que se trataba de una jornada de transición con menos exigencia que las dos anteriores. En los primeros compases ya se podía ver la variedad de colores que nos ofrece la primavera. Poco a poco se iba abandonando el territorio catalán para dar la bienvenida al pirineo aragonés. La subida al puerto de Bonansa, que marca la frontera entre las dos comunidades, se convertía en la parte más exigente del día, a 1380 m de altitud. El silencio era el protagonista en los caminos, solo roto por el paso de las bicicletas, una tranquilidad que también forma parte de esta travesía. La temperatura era agradable y los ciclistas podían disfrutar de auténticas bajadas en medio del bosque en unas trialas más propias de la modalidad de enduro. Veredas estrechas con la flora abrazándolos. Una sensación de libertad que hacía casi olvidar el cansancio acumulado en estas cuatro etapas. Había que estar atento para sortear las piedras mientras el aire impactaba en la cara, dando aún más sensación de velocidad. El pueblo aragonés Daainsa esperaba con ganas la llegada de los corredores y corredoras que completaban los 95 km. Después de cuatro etapas se llegaba al ecuador de la Transpear Coast to Coast. La carga física era evidente, pero todavía quedaban muchas sorpresas y caminos por descubrir. La exigencia volvía a poner a prueba los participantes desde el inicio. El Collau de Vió suponía el primer escollo de la quinta etapa con 65 km y con un desnivel positivo de 106 m. En el corazón del Sobrarbe, en el sur de Ordesa, encontrábamos la segunda ascensión del día, el puerto de Fanlo. Se trata de uno de los puertos más largos de Aragón y a la vez desconocidos, hasta que pasó la vuelta en 2020. con más de 1000 m de desnivel positivo, provocaba que algunos de los ciclistas se tuvieran que levantar del sillín para intentar coronarlo. Los colores verdosos eran la mejor compañía, sobre todo en los bosques frondosos, unas vistas que quedarían para siempre en las retinas de los ciclistas. Cruzar el puente de Hanovas se convertiría en el momento más especial de la jornada ante un entorno inmejorable. Se puede considerar la única estructura de estas características del siglo XIX que se mantiene en pie en España y en los países de alrededor. El habitamiento volvía a ser en un entorno bucólico, concretamente en la borda de los pastores, una gran casa tradicional de sabiñánigo construida de piedra y madera y reconvertida en alojamiento rural. La localidad de Jaca esperaba con los brazos abiertos y en medio de un ambiente festivo a los corredores. [Música] Si alguien se pensaba que las dificultades se habían acabado, estaba muy equivocado. Los amantes de la bicicleta de montaña tenían que superar la etapa más larga de toda la Transpear 2025. El desnivel era considerable y con el cansancio acumulado de cinco etapas tenían que afrontar un desafío con mayúsculas que ponía pruebas su capacidad de resistencia. Los senderos eran muy exigentes y se podía apreciar la complicación de los caminos con tramos muy técnicos que añadían todavía más dificultad. Esto demostraba el gran reto que es esta gran cita ciclista. Una de las imágenes del día era el paso de los participantes por el río Starrun, todavía en tierras aragonesas. Las ruedas de las bicicletas rompían las tranquilas aguas mientras de fondo se escuchaba el canto de los pájaros. [Música] El calor era intenso y esto añadía una dosis más de heroicidad durante la jornada, hasta el punto de que hay quien no perdía la oportunidad de darse un pequeño chapoón para refrescarse antes de continuar. La entrada en el Pirineo Navarro nos mostraba la tranquilidad de un lugar con un entorno privilegiado. Con un tiempo agradable, poco a poco los participantes cruzaban la meta situada en Auric. Eso sí, el trabajo todavía no estaba acabado y hacía falta un último empujón para completar la Transpear Coast to Coast 2025. Amigos y amigas, esta es la culminación de este impresionante reto que habéis con los kilómetros más exigentes en el bolsillo, la séptima y última etapa empezaba con el cielo nublado y niebla, es decir, el tiempo típico del País Vasco. Esto aligeraba un poco la mochila del cansancio de los corredores, pero nos impedía que pudiéramos ver nuevas imágenes de postal. La lluvia también hacía acto de presencia provocando que un ingrediente más se sumara a la Transpir, el barro, lo que se notaba en el aspecto de los corredores de bicicleta de montaña que estaban esperando cruzar la línea de meta para pasar por debajo de la ducha. Un ambiente único que llevaba a los corredores a disfrutar de los últimos kilómetros de esta 15inta edición que los llevaba desde Navarra hasta Euscadi. Se puede decir que los paisajes que se han visto durante toda la semana son de auténtica película con unos caminos y puertos espectaculares para la práctica del deporte de las dos ruedas. Sobre la riera del río Vidasoa empezaba el goteo constante de llegadas con las caras de alegría por haber completado el reto con letras de oro. El cansancio era evidente. Algunos eran recibidos como auténticos héroes, mientras que el champán tampoco podía faltar. Eh, la entrega de medallas con la estampita de finisher y la botella de vidrio con agua del Mar Cantábrico. Después de haberlo hecho con agua del Mediterramión Rosas, completaban un ritual emblemático que forma parte de esta Transpear Coast to Coast 2025. Una pasada, una pasada. Es es es totalmente increíble. Terrenos, senderos, yo me lo esperaba mucho más pistera, unos senderos super técnicos, gente de todos los niveles. Increíble, increíble. Y ahora ves el mar y vale la pena. Siete etapas, esfuerzo, paisajes maravillosos y caminos que son una joya. Esto es la Transpear y ya tenemos ganas de una nueva aventura. [Música] [Aplausos] [Música] [Música]

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